LA
JUNTA DE DEFENSAS
Y JUNTA LOCAL DE DEFENSA
DE MENORCA:
La
idea se inició ya, a finales del siglo pasado, por el ilustre General Azcárraga,
siendo Ministro de la Guerra, al nombrar una Junta de Defensas con personal en
comisión.
El
criterio siguiente abarcó la formación de una Junta permanente, a nivel de
todo el Reino, y otras juntas locales de defensa. Dedicada por completo la
primera al estudio y formación de proyectos de todas las defensas, debería de
imprimir, a su vez, el mismo carácter a las segundas locales.
Así
se nutrieron estas juntas de hombres capaces pertenecientes a los cuerpos de
Artillería e Ingenieros, por parte del Ejército de Tierra, y del Cuerpo
General por parte de la Armada:
Artillería
por cuanto el artillero fabricaba las piezas, conocía sus efectos y sacaba el
mayor provecho de ellas; además de ser el que habría de batirse el día del
conflicto.
El
Cuerpo de Ingenieros intervenía para ilustrar en todo cuanto estuviera
relacionado con la fortificación, construcción de obras y trabajos peculiares
de su profesión. Era factor importantísimo, puesto que llevaba a la practica
el plan concebido.
El
de la Armada, por lo que se refiere a defensas submarinas, estrategia naval,
ataques de costas y buques de combate.
Y
todos reunidos para abarcar el conjunto de ideas que requería el plan de
defensa.
Para
nuestro trabajo, se ideó un plan que, en resumen, consistía en la defensa
artillada del litoral, en esencia con numerosas y potentes baterías de cañones
sobre emplazamientos fijos, ideados especialmente para batir, a larga y media
distancia, los navíos enemigos y parte de los accesos que desde el mar hacia
las costas pudiera utilizar este; una reserva, compuesta por lo menos de 2.000
hombres, y una batería móvil de campaña que al primer aviso y en cortos
momentos acudiría a las calas o sitios cercanos a la bocana del puerto, si por
dichos puntos consiguiera el enemigo saltar a tierra. Contando además con
proyectores eléctricos de gran potencia, para iluminación de objetivos.
FIN de la Página 2.
Posición Llucalary: Un Recuerdo.
Jesús Hernando Bayo
©1995